Estreno de "La nieta del dictador" en Kubik Fabrik

Cartel de la obra.
Del 19 al 22 de septiembre, a las 20h, se representará en la sala Kubik Fabrik la obra “La nieta del dictador”, de David Desola, con dirección de Roberto Cerdá.

Protagonizada por Inma Cuevas y Ramón Pons, esta obra es un monólogo que relata los últimos días de la vida de un dictador y de las visitas que hace su nieta, para despedirse de él, tras muchos años sin verle.


“La nieta del dictador”,
de David Desola
   
    Dirección: Roberto Cerdá
   
    Con Inma Cuevas y Ramón Pons
   
    “La nieta del dictador” es un monólogo que cuenta los últimos días de la vida de un agonizante dictador y de las visitas que realiza su nieta para despedirse de él después de muchos años sin verle. Durante las visitas, ésta va descubriendo la verdad de su abuelo, su pasado y los asesinatos que perpetró, ocultos ante la sociedad. A través de recuerdos y de una serie de preguntas que la nieta se va formulando llegará a encontrar la verdad, sin olvidar que en las afueras de la casa del dictador están las abuelas y madres de todos los niños desaparecidos durante el régimen dictatorial que presidió, denunciando al genocida y exigiendo justicia.
   
   
    Nota del autor
   
    La protagonista de esta historia divide a los dictadores en dos grupos: los del bigote chiquito (como Franco, Videla y Pinochet), y los del bigotón (como Stalin o Saddam Hussein). Todos ellos, independientemente de lo tupido que fuera su mostacho, tuvieron hijos y nietos, a los que es posible que amaran y a los que, seguramente, inculcaran en ellos una imagen de sí mismos completamente opuesta de la que tenemos los demás y, sobre todo, de la que ha de otorgarles objetivamente la historia.
   
    Este texto se ha escrito entre la muerte de Augusto Pinochet y la de Jorge Rafael Videla. El primero fue arrestado en Londres en 1998 y tras un largo litigio regresó a Chile, donde murió sin pisar una cárcel. El segundo fue condenado, indultado, vuelto a juzgar y, finalmente, lo encontraron muerto en el retrete de su celda sin purgar ni una mínima parte de su condena. Muchos años antes, en España, el otro dictador de bigote discreto, murió en la cama y ni siquiera se le ha podido juzgar a título póstumo después de casi cuarenta años de democracia. Su nieta anda por los platós tanto de la televisión pública como de la privada, bailando, cantando y vendiendo su vida privada al mejor postor, como si se tratara de una folclórica u otra “princesa del pueblo” a las que nos tienen acostumbrados ciertos programas. En contadas ocasiones habla de su abuelo y, cuando lo hace, uno siente que esta señora ha vivido en otro planeta durante toda su vida, como una princesa de cuento, y es posible que sea cierto.
   
    Al mismo tiempo en que esta nietísima empezaba a mostrarse como personaje mediático (inexplicablemente aplaudido por el público), otra nieta, la del dictador chileno, se hacía portavoz de la tremenda “injusticia” que su “pobre abuelito” venía padeciendo, enclaustrado en un frío palacete londinense.
   
    Al escuchar sus palabras y ver ese rostro de niña bien, tan natural, familiar y disciplinada, empecé a pensar si esa nieta creía realmente en lo que decía, si no albergaba dudas sobre su abuelo, si la burbuja en la que parecía vivir no iba a reventar en cualquier momento para afrontarla a la cruda realidad de un abuelo secuestrador, genocida y torturador. También pensé en que, tal vez, era la misma vergüenza de saber la verdad lo que le obligaba a instalarse en esa burbuja impermeable a los hechos. No lo sé, pero de esta imagen de una nieta defendiendo públicamente a su abuelo asesino, surgió esta Nieta del Dictador, que puede ser cualquier nieta de cualquier dictador, o todas las nietas de todos los dictadores, o ninguna de ellas… o puede que sólo sea lo que a mí me gustaría que fuera la nieta de un dictador.
   
   
    David Desola. México DF. 22 de mayo de 2013
     
     
    Nota del director
   
    Al ver cómo en otros países han recuperado la memoria y han luchado por llevar a la cárcel a los asesinos de miles de personas inocentes, siento envidia. Al comprobar cómo cientos de personas han perseverado en su lucha para encontrar a sus seres desaparecidos y a otros desconocidos, siento envidia. Al ser testigo en mi país del abandono en que se encuentran tantas personas que reclaman el derecho a desenterrar a sus familiares y cómo su voz se pierde en un desierto, siento rabia. Qué pena de país y de sociedad que permite un monarca que saludó, recibió y cortejó a diferentes asesinos dictadores. Qué tristeza de una sociedad que convive con políticos que aún no han repudiado al dictador que asesinó a miles de personas y torturó a un pueblo durante tanto tiempo. En estos momentos en los que se devela que nuestro sistema político es la corrupción y no la democracia, es cuando debemos denunciar a todos aquellos que alientan el pasado fascista y dictatorial que muchos quieren hacer renacer. Si queremos dejar algún legado ético a nuestros hijos debemos señalar a los asesinos y a aquellos que convivieron con ellos, a los que hoy todavía les defienden y añoran y debemos explicar bien la historia para que se sepa quién se saltó la decisión soberana de un pueblo para establecer el estado del terror. Cualquier desviación sobre esta verdad, cualquier intento de justificación aumentará la fragilidad de nuestro presente de manera que seguiremos siendo un pueblo con miedo. Les perdonamos una vez para alcanzar un incierto bienestar y ahora estamos donde estamos. Ya no hay más perdón que valga. Sólo queda la justicia.
   
    Roberto Cerdá


La nieta del dictador”, de David Desola. Con dirección de Roberto Cerdá.

Del 19 al 22 de septiembre, a las 20:00h.


C/ Primitiva Gañán nº5  28026 Madri